El Papa, en el centro de Sant’Egidio para personas con VIH: no es imposible combatir esta plaga (Alfa y Omega)

«Cuando nosotros nos vayamos, cuando volváis a la tarea cotidiana, cuando nadie os aplauda ni os considere, seguid recibiendo a los que llegan»

Una de las visitas más significativas del Papa Francisco durante su estancia en Mozambique se produjo en el centro donde la Comunidad de Sant’Egidio trata a casi 4.000 personas con VIH a través de su programa DREAM. Alabó a los que allí trabajan, a los que comparó con el buen samaritano. «Vosotros no habéis pasado de largo, no habéis seguido vuestro camino como hicieron otros», añadió.

En este sentido, señaló que el centro muestra que hay quienes se detienen y sienten compasión, personas que «no cedieron a la tentación de decir que no hay nada por hacer o que es imposible combatir esta plaga, y se animaron a buscar soluciones».

Y recalcó que la atención que se ofrece allí no solo se limita al tratamiento médico, sino que mira también «a la integralidad de la problemática, para restituir la dignidad de mujeres y niños, ayudándolos a proyectar un futuro mejor».

«En este amplio campo que se os ha ido abriendo por escuchar de manera constante, también habéis experimentado vuestra limitación, la carencia de medios de toda índole. El programa, que habéis desarrollado y que os ha conectado con otros lugares del mundo, es un ejemplo de humildad por haber reconocido los propios límites, y de creatividad para trabajar en redes», añadió.

Además de a la debilidad de la salud humana, el Pontífice se refirió a la de la casa común, la tierra, para advertir ante «los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. […] Tenemos que darnos cuenta que somos todos parte de un mismo tronco. Vosotros habéis sabido percibirlo, y esa escucha os ha llevado a buscar modos sustentable en la procura de energía, también de acopio y reserva de agua; sus opciones de bajo impacto ambiental son un modelo virtuoso, un ejemplo a seguir ante la urgencia del deterioro del planeta».

Antes de concluir su intervención, Francisco lanzó un mensaje de aliento de cara al futuro: «Cuando nos vayamos, cuando volváis a la tarea cotidiana, cuando nadie os aplauda ni os considera, seguid recibiendo a los que llegan, salid a buscar a los heridos y derrotados en las periferias. No olvidamos que sus nombres, escritos en el cielo, tienen al lado una inscripción: estos son los benditos de mi Padre. Renovad los esfuerzos y permitid que aquí se siga “pariendo” la esperanza».

Fran Otero

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