Calor, a pesar de Filomena (Alfa y Omega)

«Sois la primera buena noticia de mi día». En realidad el día había pasado ya hacía horas. Era el domingo por la noche cuando José Luis, de Ecuador, le dijo esto a Carlos Busto, de la Comunidad de Sant’Egidio de Madrid, que le llevaba un caldo caliente y sobre todo su compañía.

Parapetado tras sus cartones en la plaza de Santa Cruz, pasaba la noche al raso el tercer día de la embestida de Filomena. Muy cerca, en la plaza Mayor, había otras cinco personas sin hogar. Ali, un chico muy joven marroquí, daba las gracias «porque esto que hacéis sale del corazón, esto os lo pagará Dios».

Nada hay comparable a Filomena. «Hemos vivido otras olas de frío –cuenta Busto–, pero en este entorno tan hostil, con la nieve y con tanta dificultad para caminar y llegar a ellos…». Tampoco es comparable la gente que han encontrado en la calle. «En la época más dura del confinamiento llegó a haber más de 100 personas en los soportales de la plaza Mayor; era una ciudad de vagabundos». En esta ocasión había muchos menos. Porque aunque están acostumbrados al frío, ahora «el saco y las mantas no son suficientes». Ni lo es el calzado, tan poco apto para el temporal que los obliga a dormir con los calcetines mojados toda la noche.

Entrevista completa en el Semanario Alfa y Omega (clic sobre la imagen)

También te podría gustar...

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad