Vivimos en un mundo que olvida con demasiada facilidad, especialmente el dolor de los demás. Muchas personas, en particular los más pobres, se vuelven invisibles y terminan en el anonimato, en medio de una ciudad donde todo transcurre con prisa. Recuperar la memoria de sus vidas y de su sufrimiento es una forma de mirar la realidad con más humanidad y encontrar caminos audaces de solidaridad.
Para la Comunidad de Sant’Egidio, hacer memoria es también un acto de responsabilidad. Recordar los nombres de quienes han sufrido la violencia o la indiferencia es rechazar que sus vidas se reduzcan a una estadística. Es una manera de devolver dignidad, de no olvidar y de trabajar para que esas historias no se repitan.

En esta celebración, que toma su nombre de Modesta Valenti, una mujer sin hogar que murió en Roma sin recibir ayuda, recordamos a las personas que mueren por la dureza de la calle.
Se trata de una «liturgia del nombre», en la que participan muchos de nuestros amigos sin hogar. Queremos rescatar del olvido a tantos «mártires de la indiferencia», que vivieron y murieron en extrema fragilidad para clamar que la vida de los pobres cuenta y está en el corazón de Dios.

En esta emotiva liturgia recordamos con nombre propio a las personas que han perdido la vida en las rutas migratorias, en unos viajes de la esperanza que tantas veces acaban en tragedia.
Queremos que de la memoria de tantas muertes se fortalezca el compromiso para una mayor sensibilidad, acogida, salvamento e integración de nuestros hermanos migrantes y refugiados que solo anhelan un futuro mejor lejos de las guerras y el hambre.