La Resurrección ilumina la noche del mundo para que la Pascua llegue a todos
En un tiempo oscuro, en el que tantos países están heridos por la guerra, la violencia y la muerte, la luz de la resurrección de Jesús se abrió paso en medio de las tinieblas. Una a una, las velas de los fieles se fueron encendiendo en la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas durante la Vigilia Pascual de la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid, celebrando el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Esa luz, nacida del Cirio Pascual, fue creciendo poco a poco a medida que los hermanos se la transmitían unos a otros, como signo de que la resurrección es un don que se multiplica al compartirse. Es también imagen de una “generación de la aurora”, una generación pascual en la que la amistad, la esperanza y la solidaridad se difunden para vencer la oscuridad de la guerra, la injusticia y la violencia.
En un clima de profunda alegría, toda la asamblea proclamó al unísono: “¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!”, en una fraternidad contagiosa que se expresó también en el abrazo de paz entre todos los presentes, signo visible de una comunidad que comparte la esperanza y la amistad.
La Eucaristía fue copresidida por José Luis Corzo y Javier Cuevas, quien en su homilía destacó que en esta Pascua es el comienzo de una vida nueva, una vida “de resucitados” que son profetas de esperanza en un mundo que se está quedando a oscuras.
La resurrección ilumina nuestras dudas, cansancios y tristezas; nos ofrece un corazón nuevo lleno de luz para vivir como resucitados y desde esa luz iluminar y transformar nuestro mundo.
Este año, la colecta de Pascua está dedicada a dos países que sufren especialmente las consecuencias de la situación internacional. Por un lado, Cuba, aislada y golpeada por la escasez de bienes básicos, donde la Comunidad de Sant’Egidio está presente desde hace años acompañando a la población en dificultad. Por otro, el Líbano, tierra de encuentro entre cristianos y musulmanes, hoy profundamente afectada por las guerras en Oriente Medio y por la presencia de más de un millón de refugiados, donde queremos hacer llegar ayuda a través de comunidades religiosas amigas.
También en este gesto de solidaridad concreta se expresa una comunión que no conoce fronteras, uniendo a pueblos y realidades distintas bajo la misma esperanza. Que la luz de la resurrección llegue a todos los lugares de dolor y sufrimiento. ¡Que para todos sea Pascua!
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