Espigares: «Para construir la paz hay que hablar también con quien hace la guerra»

El Seminario de Investigación para la Paz continúa con su ciclo anual. En su tercera sesión, dedicada al diálogo como eje de la convivencia humana, se reflexionó sobre la necesidad de reconstruir relaciones en un mundo marcado por la polarización y los conflictos. Tíscar Espigares, responsable de la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid, subrayó que, en un contexto internacional marcado por conflictos y polarización, “es necesario recuperar el arte del diálogo” como vía para recomponer un mundo fragmentado. Frente a una cultura dominada por la confrontación y el miedo, defendió que el diálogo permite reconocer al otro no como enemigo, sino como ser humano, abriendo así posibilidades reales de encuentro y futuro compartido.

Espigares recordó la experiencia de la Comunidad de Sant’Egidio en la mediación de conflictos internacionales, como el proceso de paz en Mozambique o las iniciativas de diálogo en Argelia y Sudán del Sur. En todos estos contextos, insistió, la clave ha sido no excluir a nadie y apostar por la tenacidad y la paciencia.

“Para construir la paz hace falta hablar también con quien hace la guerra”

En su reflexión, alertó también de la crisis actual del diálogo en un mundo “conectado pero no unido”, donde a menudo predominan los monólogos y la imposición. Frente a ello, defendió un diálogo auténtico, capaz de acercar, de poner en valor lo que une y de reconstruir los vínculos necesarios para una convivencia pacífica.

Asimismo, reafirmó que la paz es siempre posible, incluso en los conflictos más complejos del presente:

“Nada se pierde con el diálogo, mientras que todo se pierde con la guerra”.

Esta convicción, profundamente arraigada en la experiencia de Sant’Egidio, invita a no resignarse ante la violencia y a seguir trabajando por caminos de encuentro.

Por su parte, el sociólogo Agustín Blanco puso el acento en las dificultades actuales para el diálogo, especialmente en el ámbito digital. Señaló que las redes sociales favorecen la simultaneidad de opiniones, pero dificultan la escucha y el intercambio real, hasta el punto de que “no es posible un verdadero diálogo” sin encuentro personal. En este sentido, reivindicó el valor del cara a cara como condición necesaria para una conversación auténtica y para reconstruir una cultura del encuentro.

Compartimos la entrevista completa:

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