23-FEB: ‘Recuerdo de Modesta’ y de todas las personas que han fallecido en medio de la dificultad

Un día de invierno de 1983, Modesta Valenti, de 71 años se sintió mal en la Estación de Termini en Roma.  Cuando el equipo sanitario que debía llevarla al hospital vio las condiciones en las que se encontraba se negó a subirla en la ambulancia, porque estaba sucia y tenía piojos. Después de horas de agonía, Modesta murió en la calle, esperando un auxilio que nunca llegó.

Han pasado casi cuatro décadas de este triste suceso, pero la Comunidad de Sant’Egidio no olvida el nombre de Modesta Valenti.  En el andén 1 de la Estación de Termini se puede ver una placa que recuerda de las terribles circunstancias de su muerte.

En vida, Modesta nunca imaginó que marcaría tan profundamente la historia de la Comunidad de Sant’Egidio y la amistad con las personas sin hogar. ¿Cómo iba a sospechar que su muerte significaría un grito contra la indiferencia y los muros que separan a las personas sin hogar de aquellos que tienen mejor suerte?

Cuando se cumplen 37 años de su desaparición, recordamos a Modesta Valenti, junto a tantos «amigos/as de la calle» que han perdido la vida en condiciones de soledad o exclusión, a través de una Eucaristía el próximo Domingo 23 de febrero a las 19.hrs en la Iglesia Nuestra Señora de las Maravillas (Calle Dos de Mayo, 11).

La ceremonia estará presidida por el Obispo Auxiliar de Madrid D. Santos Montoya Torres y en ella recordaremos con nombre propio a cada uno de estos hermanos y hermanas que han muerto en medio de la dificultad, como una forma de romper con la indiferencia y el anonimato que sufren las personas sin hogar.

Desde hace más de dos décadas, la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid mantiene una amistad cercana con muchas de estas personas, a quienes reparte las cenas calientes, ofrece servicios de duchas para su aseo personal, acompaña en trámites con la administración e incluso comparte actividades de ocio y esparcimiento.

El frío, la soledad, la indiferencia y las dificultades de vivir en la calle marcan la existencia de las personas sin hogar, muchos de los cuales mueren en la soledad y el anonimato. Son jóvenes con poblemas, adultos que han perdido el empelo, ancianos que no pueden pagar el alquiler, inmigrantes recién llegados que no encuentran acogida. Cada uno de ellos tiene un nombre y una historia, que no nos resignamos a que quede escondida tras los rincones y las aceras de las calles de nuestra ciudad.

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